Artista: Antonio Joaquín María De Todos Los Santos Ignacio De Loyola Quintín
Tamaño: 42 x 53 cm
Museo: Museo Carmen Thyssen Málaga (Málaga, Spain)
Técnica: Aceite Sobre Lienzo
A orillas del río Guadalquivir, en el distrito ribereño de Sevilla de Triana frente al Arenal y la Torre del Oro, que son claramente visibles en el fondo, una chica baila y toca las castañuelas. Vestida en el traje típico de bailarines bolero, identificada por el corte, el timón puntiagudo y las rifas del vestido y por los zapatos de demipunte que se utilizaron exclusivamente para bailar, realiza un típico paso de baile con castañuelas. La composición, en la que se representa la bailarina frente a uno de los principales hitos de Sevilla, es significativa ya que combina los aspectos más atractivos de la ciudad en la primera mitad del siglo XIX – sus fascinantes ruinas árabes y edificios antiguos – con el bolero, que desde la Edad Romántica en adelante se convirtió en uno de los bailes más exitosos realizados en teatros de toda Europa, identificados claramente con España y, inicialmente, con Andalucía. Uno de los atractivos del bolero era lo difícil que era realizar, ya que requería no sólo piernas y brazos para moverse en ritmo – como los de la bailarina en la imagen – pero también implicaba el movimiento del tronco y el manejo de las castañuelas simultáneamente. Como resultado, pocos bailarines lo incluyeron en sus repertorios y estaba prácticamente más allá de las habilidades de los aficionados. Los románticos que viajaron por Andalucía a menudo subrayaron que era imposible transmitir la emoción de ver estos bailes de manera espontánea en la ciudad de Sevilla, uno de los centros más reconocidos de baile bolero desde principios del siglo XIX. A menudo subrayaron que las mujeres andaluzas eran las mejores y que pronto se identificó el baile con la región, convirtiéndose en una de sus características distintivas y principales atracciones turísticas. “Da a los franceses, ingleses, italianos y todas las naciones de Europa el placer de ver bailar el bolero. Todos lo aprenden y pocos vienen a realizarlo moderadamente bien”, escribió uno de los autores más famosos de tratados en la coreología del bolero en 1820, el maestro Antonio Cairón, refiriéndose al baile realizado por la chica en esta imagen. Es posible que la pieza particular que realiza este bailarín sea la conocida como “Olé” o la “Olé de la Curra”, ya que coincide con la representación de este paso en varios grabados del período que ilustran la primera figura en este baile. En ese momento, los bailarines de la fama europea, como Fanny Essler y Pauline Duvernay –el último para el baile conocido como “La Cachucha” – habían alcanzado un prestigio extraordinario e incluso tenían sus propias iconografías. En general, estas imágenes presentaban sus actuaciones más famosas y con el fin de identificarlas siempre se mostraban realizando el mismo paso de un bolero, que se hizo popular sobre todo a través de impresiones. Además, el bolero se representaba comúnmente en imágenes similares a las de la Colección Thyssen, que siempre se centraban en la posición más compleja y elegante del bailarín que ejecutaba esta figura en particular que era tan fácil de identificar. Por lo tanto, no es sorprendente que una iconografía como la que se muestra en esta pintura se haya repetido en varias ocasiones dada su valiosa importancia como una imagen bien establecida de la identidad sevillana y también el éxito comercial que debe haber disfrutado. De hecho, hasta la fecha se conocen tres versiones de esta composición. Lo mejor es el que se encuentra en el Palacio de Liria de Sevilla, que hasta hace poco también fue considerado por Antonio Cabral Bejarano, como el resto, pero ahora está atribuido – aunque no se han explicado las razones del cambio de atribución– a su hijo Manuel. Muestra variaciones muy leves con respecto a la obra presente y su ejecución clara, nítida y especialmente colorante vívido, especialmente en el cielo, han llevado a la suposición de que es la primera en la serie de estas pinturas, o al menos la versión más completa de los conocidos. Además, el trabajo en esa colección es el único que conserva su pieza compañera mostrando a un hombre bailando un bolero antes de un telón en el que se puede hacer la catedral de Sevilla y la Giralda. Sin embargo, la obra en la Colección Carmen Thyssen es de mayor calidad que la anterior conservada en la Colección Bosch y también sostenida por Antonio, que es la versión de menor interés artístico. El cuadro Thyssen, ejecutado por Antonio Cabral, muestra algunos exquisitos detalles pintorescos que lo distinguen de la versión Bosch. En esta pintura el artista se toma la libertad de variar ciertas características de la figura, dándole una calidad individual en comparación con las otras dos, como la posición del collar de la bailarina, en la que se separan los hilos, y la renderización de los hilos giratorios de su falda y el follaje de fondo en cepillos muy flexibles. La similitud de estas tres versiones, cuya composición se vincula con las de las colecciones de tipos humanos que ya circulaban en impresiones y de las que se hacía../..
Artista |
Antonio Joaquín María De Todos Los Santos Ignacio De Loyola Quintín |
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