Solitaire universall – (Pedro Casqueiro, Ana Jotta) Previo Próximo


Artista:

Fecha: 1994

Tamaño: 63 x 122 cm

Museo: Culturgest - Fundação Caixa Geral de Depósitos (Lisboa, Portugal)

Técnica: Escultura

MILLONES DE LITTLE IMPORTANCE Hay artistas cuyo trabajo vive en un limbo muy estrecho entre sus vidas personales, sus pequeñas (o grandes) obsesiones, ironía sobre esta condición radicalmente no transmisible de la obra artística y la naturaleza pecaminosa de la carrera que realizan. Ana Jotta es precisamente uno de estos artistas. A lo largo de los años, la diversidad de su obra ha pasado por los recuerdos del arte moderno y contemporáneo, buscando paradójicamente la posible magia del gesto artístico a lo largo de los caminos muy estrechos de su gusto personal, de sus idiosincrasias y mordiendo ironía, una poética del error, del error y de la pereza. En una entrevista hacia el final de su vida Marcel Duchamp dijo: “Hay tres tipos de gusto: buen gusto, mal gusto y gusto indiferente. Soy para el gusto indiferente.” El curso de Ana Jotta a veces parece ser una obra de ironía sobre esta teoría (en sí misma irónica) de “gusto indiferente”. La obra Jotas es ejemplar de la fisura sobre la que descansa el mecanismo de significado que Jotta define, que está muy cerca de la de uno de sus artistas favoritos, Marcel Broodthaers. La escultura (o conjunto de esculturas, o dibujos tridimensionales) es un grupo heteroclito de formas muy cercanas a la letra “J”. La presencia de cada uno de estos elementos en el espacio es bastante diversa: algunos son grandes, otros son pequeños, algunos son claramente artesanales y otros se encuentran objetos que sólo una búsqueda de la similitud podría haber aparecido en algún lugar. En cada uno la firma se multiplica, pero una firma sin estilo, o hecho infantilmente como alguien que la busca en el intento más simple de la identidad. El estilo siempre ha sido uno de los campos más fértiles para el ejercicio de Ana Jotta en rechazo. Se debe decir: estilo como una marca buscada, en la que se preve un trabajo animado de barbilla y burín. Esto no significa que no haya un enorme aliento egoísta en la repetición de Js de Jotta que emerge en su carrera desde que adoptó un signo gráfico en los años ochenta, que, como marca, llevó todas las variaciones de los procedimientos que ella movilizó como arte dentro de una identidad compleja. Así, la obra de Ana Jotta es un periplus a través de las innumerables posibilidades de sus vagabundos y afinidades elegidos, en una galería en la que los que pontificados son Duchamp y Beckett, Broodthaers y Georges Perec, Joseph Cornell y Leporello, sirviente de Don Giovanni, que inventaría los amantes de su amo. Jotta, sin embargo, está más cerca de Casanova, porque ella misma crea los inventarios de sus amores, de los cruces que lleva a cabo de las apropiaciones que hace: de obras de arte, objetos, imágenes, textos, conceptos, preceptos y afectos. Así que este autorretrato en J’s es sólo un aparente autorretrato, en el sentido de que no aspira a ser más que cualquier otro trabajo que Ana Jotta haya presentado desde el comienzo de su curso, en 1986. Delfim Sardo

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