Nacido: 1510
Fallecimiento: 1566
Biografía:
Juan Correa de Vivar fue un pintor renacentista español.
Su fecha de nacimiento debió rondar hacia el año 1510, siendo su padre de Mascaraque y la familia materna de Portillo de Toledo. Se desconocen los nombres de sus progenitores, pero se sabe que gozaban de una posición acomodada tal como se demuestra en los múltiples bienes que fueron del artista. Juan tuvo dos hermanos, Eufrasia y Rodrigo, cuyo hijo también Rodrigo fue aprendiz con el tío y continuó algunas de las obras dejadas a la muerte de éste. En Mascaraque poseía una gran casa y tierras a las que volvía el pintor de tiempo en tiempo a descansar de sus viajes y trabajos, aunque siempre fue vecino de Toledo.
Nunca se casó y fue hombre religioso tal como puede leerse en su testamento, del que hay una copia en el archivo parroquial de Mascaraque. Dejó como única heredera de sus bienes a su alma, es decir, que estos serían empleados para la realización de obras de caridad, misas o para la fundación de una capellanía que perpetuó en la iglesia de Mascaraque y cuyo primer beneficiario fue su sobrino Rodrigo de Vivar.
Antonio Ponz, en 1777, sin otras noticias del pintor, decía refiriéndose a las pinturas que se conservaban de mano de Correa en el monasterio de San Martín de Valdeiglesias: «Se sabe que las pintó un célebre profesor llamado Correa Dicho Correa fue sugeto eminente; y aunque en sus pinturas hay algo que sabe al gótico, es poquísimo. El tal pintor hubo de ver a Rafael y aún estudiarle, como las obras del antiguo, pues se ven cosas en las suyas que lo manifiestan bastantemente. Tiene excelentes expresiones: sus pinturas son acabadas, y muy bien coloridas».
Por aquellas fechas nada se sabía de su vida, ni tan siquiera su nombre, solo el apellido, pero sin embargo se admiraba su estilo de clara influencia italiana. Ceán Bermúdez publicó en 1800 un célebre diccionario de artistas y en el artículo dedicado a Juan Correa tampoco sabía su nombre pero volvía a repetir las afirmaciones de Ponz apuntando que debía haber estudiado en Italia o con alguno de los que allí habían estado. Realmente, la reconstrucción de su biografía se ha hecho en el siglo XX, sin embargo su estilo ya fue definido magistralmente por el académico Antonio Ponz.
Se formó en el taller de Juan de Borgoña, el más importante maestro asentado en Toledo durante las primeras décadas del siglo XVI. Borgoña se movió en un estilo donde se rastrean influencias italianas por una parte, e hispanas y nórdicas por otra. En el taller de Borgoña nuestro joven aprendiz, de no más de 17 ó 18 años, convivió con otros, con algunos de los cuales como Pedro de Cisneros mantendría vínculos duraderos.
Correa falleció en Toledo el 16 de abril de 1566 en la colación parroquial de San Miguel, donde residía. Días después, como así lo había dispuesto, fue enterrado en Mascaraque, en el sepulcro donde reposaban los restos de sus padres. En la almoneda de sus bienes estuvieron todos los amigos del pintor, que por aquel entonces eran la élite artística de la Ciudad Imperial, como los arquitectos Alonso de Covarrubias o Nicolás de Vergara el Viejo, el escultor Francisco de Linares o los pintores Diego de Aguilar y Blas Pablín. Su pintura es elogiada por el poeta flamenco Émile Verhaeren, en España negra.
La forma de pintar de Correa está muy influida por el estilo de Rafael. Su obra conservada más importante es el retablo de la iglesia de Almonacid de Zorita, ya que la que se consideraba la mejor, eran las 8 tablas del retablo mayor de la localidad de Mondéjar (Guadalajara) obra realizada en consonancia con Nicolás de Vergara el mozo y Juan Bautista Vázquez el Viejo bajo diseño del arquitecto Torrijeño Alonso de Covarruvias. Se destruyó esta obra en la Guerra Civil española en el año 1936, pudiéndose admirar hoy en su emplazamiento una copia bastante fidedigna realizada con las técnicas originales en su magnitud y basada en documentación gráfica existente. Tuvo la misma localidad de Mondejar otro retablo de más reducidas dimensiones con 4 tablas realizadas por correa de Vivar para la decoración de la capilla de San José anexa a la sacristía mayor. Se dice que estás pinturas superaban aún la calidad de las del retablo mayor parroquial.
De Rafael tomó su colorido, sus figuras delicadas y suaves, aunque con el paso del tiempo su forma de pintar fue evolucionando hasta alcanzar unas formas más dinámicas propias del llamado Manierismo, especialmente en lo referente a la manera de provocar en las figuras un movimiento violento.
En la provincia de Toledo encontramos algunas de sus obras más conocidas, como son el retablo de san Roque, en Almorox, y el retablo de la colegiata de Torrijos, cuyas doce tablas pueden estar realizadas con ayuda de alumnos de su taller, ya que algunas figuras parecen obras de principiantes. El Museo del Prado de Madrid cuenta con excelentes ejemplos suyos.
Sus primeras obras como maestro independiente las consigue cuando apenas ronda los veinte años. Alguna de ellas le llegan por contacto familiar, como es la realización de las pinturas para el retablo mayor de las clarisas de Griñón, entre 1532 y 1534 que había fundado su tío Don Rodrigo de Vivar, canónigo en la catedral de Zamora.
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